AÑO 2015

    EXPEDICIONES DE ESCALADA Y PROSPECCION ARQUEOLOGICA EN EL MACIZO PUMASILLA DE VILCABAMBA Y PRESENTACION DE RESULTADOS EN LA UNIVERSIDAD DE AYACUCHO
    Escalando entre las garras del puma

    Escalando entre las garras del puma

    Tras la conquista de la última capital sagrada de los incas, Vilcabamba fue un territorio olvidado durante siglos. Hasta que algunas décadas después de las expediciones de Hiram Bingham arriesgados andinistas acometieron escaladas a algunos nevados de aquella sierra que siguió casi desconocida.

    En 1952 una expedición franco-norteamericana conquistó la cima del Salcantay, de 6271 metros de altitud, en el extremo oriental de la sierra de Vilcabamba.

    Portada libro Simon ClarkPortadaCambridge

    En 1957 una expedición británica conquistó el nevado Pumasillo. Desde allí vieron que más al oeste se prolongaba la sierra con grandes montañas y nevados. Algunos de ellos fueron objetivo de expediciones internacionales y otros ignorados hasta ahora.

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    2015 Expedicionarios con el alcalde de Vilcabamba en 2025

    Los amigos alpinistas que me habían acompañado a Vilcabamba fascinados por la belleza y los misterios de aquella sierra, después de escalar el nevado Choquezafra en 2008 y de intentar la escalada al nevado Azulcocha en 2010, tenían ganas de regresar. La Asociación Cultural Dacablo y el Club Deportivo Luz Verde organizamos la expedición “Pumasillo Vilcabamba 2015” con el objetivo de realizar una prospección arqueológica en macizo de hielo y roca que ocupa la zona más central de la sierra de Vilcabamba y ademas realizar dos importantes escaladas.

    Pumasillo significa en quechua "garra de puma". Y nos propusimo realizar simultáneamente dos importante escaladas en alta montaña:

    La primera escalada a una gran pared de roca con forma de Garra del Puma ubicada cerca del Nevado Chucuito. Y una nueva ascensión al nevado Pumasillo, la segunda cumbre en altitud de aquella sierra considerada por algunos la más difícil.

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    Mi tarea era guiar ambas expediciones hasta sus campamentos base y, al mismo tiempo, estudiar la posible existencia de restos arqueológicos entre aquellas rocas y nevados cuya fuerza simbólica era muy evidente. Además de conocer aquella zona pretendíamos promocionar la sierra de Vilcabamba y el macizo del Pumasillo como destino internacional para escalada en hielo y en roca y para treking y equitación de alta montaña.

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    La dirección regional de comercio exterior y turismo del Cusco, Dircetur, nos apoyó con un microbús para el transporte del equipo, con el cual recogí a los alpinistas en el aeropuerto de Cusco  y nos pusimos en marcha hacia Vilcabamba.

    Dos montañeros asturianos, Salvador Muñoz y Roberto de Paz, se dispusieron a escalar la gigantesca garra de roca, acompañados de Juan Martínez Dalmau como operador de cámara y dron y Francisco Cobos como cocinero.

    Mientras yo guié al otro grupo hacia la base del Nevado Pumasillo. Estaba integrado por Rubén Suárez, Pablo Fadeville Cajuso, Andrés Villar Murillo, Jesús Montero Pita, Luis Solla Covelo y Pablo Teijeiro, con Pascuala Cobos como jefa de arrieros, con tres ayudantes, diez mulas y dos caballos.

    Partimos desde Huancacalle y recorrimos los dieciséis kilómetros de camino inca que conduce hacia Choqqueqquirao hasta el abra de Choquetacarpo, a 4600 metros de altitud. Un angosto paso entre rocas cercano a los nevados, tras el cual se inicia un rápido descenso hacia el profundo desfiladero de Qhelqamachay entre paredes de rocas y gigantescas formaciones pétreas que parecen cabezas de gigantes mitológicos, hasta un lugar  para descanso y acampada del viajero, llamado Lazunpampa.

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    Observando aquel territorio se comprende que los conquistadores españoles con sus caballos nunca osaran perseguir a los guerreros incas de Vilcabamba cuando tras atacar a los viajeros entre Cusco y Ayacucho cruzaban el río Apurímac para refugiarse en los altos pasos de aquella sierra inexpugnable.

     Abandonamos el camino inca principal por un sendero ascendente hasta una planicie con lagunas llamada Cochapata. Tras cruzar un bosque muy denso conocido como Kerviña, con grandes dificultades para las mulas cargadas, llegamos a Mayuyoc, un remoto valle glaciar llamado, rodeado de barrancos y cumbres nevadas.

    En la zona más elevada del valle ví una roca oscura cubierta de grabados que formaban surcos profundos, paralelos y elípticos; como una gigantesca escultura de doce metros de longitud y cinco de altura. Era un afloramiento natural de andesita, una piedra volcánica de color negruzco, cuyas formas caprichosas habían sido talladas para formar bajorelieves con dibujos de líneas paralelas y curvas.

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    En las proximidades de la roca, en un lugar muy destacado sobre la pendiente del valle, había una gran piedra de 1.70 metros de alto hincada en vertical, la cual parecía formar un conjunto ceremonial junto con la roca tallada. El lugar es conocido como Hatunpampa lo que significa llanura grande, pero también superior, principal o sagrada, topónimo que aumentó mi interés por aquel lugar.

    La mayor parte de la sierra de Vilcabamba pertenece a comunidades campesinas, con propiedad comunal de la tierra. Pero gran parte del macizo del  Pumasillo está en el territorio de Yanama, distrito de Santa Teresa, donde la tierra de la antigua hacienda Huadquiña está repartida entre propietarios individuales asociados en una cooperativa campesina. Cuando el viajero abandona los caminos principales necesita autorización de los dueños de terrenos para llevar mulas y caballos, o para acampar. Generalmente se concede el permiso a cambio del pago de una cantidad.

     En la parte media del valle había otra antigua mina, llamada Ilda, con la que los incas penetraron en la montaña casi un kilómetro para extraer oro y plata, que para ellos eran lágrimas de Inti, el dios Sol, y de su esposa Mama Quilla, la Luna; que eran transportados hasta Choqqueqquirao, que significa “cuna del oro”. Era el gran centro de recepción de oro y plata de las minas de Vilcabamba. Allí fundían los metales sagrados para su envío a Cusco.

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    La garra de hielo del Pumasillo

    En la siguiente jornada llevamos nuestro campamento hasta la base del nevado Pumasillo a 4366 de altitud. Y nuestro equipo de seis alpinistas intentó la ascensión al nevado por la cara oeste siguiendo la ruta de la expedición de Cambridge que alcanzó por primera vez aquella cumbre cincuenta y ocho años antes. Ya muy cerca de la cima, formaciones inestables de hielo y nieve, conocidas como serac, y una grieta, larga y muy profunda, les impidieron completar la escalada al nevado.

    La garra de roca del Pumasillo

    Tuvieron más suerte nuestros compañeros Salvador Muñoz y Roberto de Paz. Comenzaron al pie de la pared a 4500 metros de altitud y llegaron a lo alto cuatrocientos metros más arriba, después de once días de escalada, que era el doble del tiempo que habían previsto. La capa de musgo que cubría la roca dificultó su avance. Pasaron cuatro noches durmiendo colgados en la pared, soportaron granizo, nevadas y una peligrosa tormenta eléctrica, pese a lo cual consiguieron alcanzar la cima abriendo la primera vía de escalada en las agujas del Pumasillo.


     
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